TODO ÁNGEL ES TERRIBLE

15 08 2008

LAS ELEGÍAS DE DUINO

Hay cosas que nos sobrepasan de entero, hay cosas de las que no se puede decir ni una sola palabra, todo es ya contundente y acercarnos, aunque se un poco, es tantear un cuarto extraño con las luces apagadas. Hay cosas que no tienen sinónimos, el amor y la muerte no tienen sinónimo, el odio y lo bello no tienen sinónimo, fornicar no tiene sinónimo , todo esto es acaso un imposible.

Una de las tareas del poeta es -tal vez- ponernos en un mano a mano con esos imposibles, hacer invisible esá conflagración de visibilidades.

Las Elegías de Duino lo hacen, pero se acercan tanto, tocan tan de lleno que aún el mismo Rilke decía que “lo superaban infinitamente”, es uno libro en el que uno no entra directo, las “Elegías de Duino” se van clavando despacio y se quedan con nosotros como un dolor ya antiguo, como una molestia corporal que se acentúa con los años, pero de una belleza constante. Elegías de Duino se instala en nosotros y nos va ocupando, así como la fiebre.

Son una afirmación de la vida y la muerte al volverlas una sola materia. Es la máxima conciencia de nuestro existir. Es recordar nuestra transitoriedad, pero como un atributo, para tropezar con el ser profundo que vive en nosotros.

Esa transitoriedad que esta en todo lo que nos acompaña, debe ser transformada por nosotros; para Rilke eso es lo que muestran las Elegías: ” Las elegías nos muestran ese trabajo, en el trabajo de estas perdurables transformaciones de lo amado invisible y aprensible en la invisible oscilación y excitación de nuestra naturaleza, que introduce nuevas frecuencias de oscilación en el universo”

Y más valor en esta época de consumo para las elegías,porque es devolverle a cada objeto su valor, negar la producción en masa, o su novedad tecnológica, su precio, es decir no, no, no; para  hacer así de las cosas algo nuestro, “darle un sentido humano y lárico (en el sentido de divinidad del hogar)”, debemos creer que cada cosa nos contiene , “nuestro abrigo” “la casa” “el florero” “el paraguas”. Para nuestros ascendentes por ejemplo son cosas familiares, más que familiares, infinitamente suyas y únicas.

Las elegías son una puerta que da a un salón con infinitas ventanas, La noche, los amantes, los ángeles, la insuperable belleza, la fragilidad de la existencia, la conservación del recuerdo, la transformación, los vuelos y las caídas de nuestro amor…

Les dejo la primera elegía con su versión en alemán. Y me despido con estas palabras de Rilke, de cuando alguna vez que explicaba algo de sus Elegías:

“Acepte aquí, querido amigo, un poco de consejo y aclaración, y por lo demás, usted mismo prosiga arreglándoselas. Pues no se sí yo podría decir más”

LAS ELEGIAS DE DUINO (1922)

Versión de José Joaquín Blanco
Pub

(Propiedad de la princesa Marie von
Thurn und Taxis-Hohenlohe)
[1]

La primera elegía

¿Quién, si yo gritara, me escucharía entre las órdenes
angélicas? Y aun si de repente algún ángel
me apretara contra su corazón, me suprimiría
su existencia más fuerte. Pues la belleza no es nada
sino el principio de lo terrible, lo que somos apenas capaces
de soportar, lo que sólo admiramos porque serenamente
desdeña destrozarnos. Todo ángel es terrible.
Así que me contengo, y me ahogo el clamor de la garganta
tenebrosa. Ay, ¿quién de veras podría ayudarnos? No
los ángeles, no los hombres, y ya saben los astutos
animales que no nos sentimos muy seguros en casa,
dentro del mundo interpretado. Nos queda quizás
algún árbol en la loma, al cual mirar todos los días;
nos queda la calle de ayer y la demorada lealtad
de una costumbre, a la que le gustamos, y permaneció,
y no se fue. Oh, y la noche, y la noche, cuando el viento
lleno de espacio cósmico nos roe la cara:
¿Para quién no permanecería aquélla, la anhelada,
la tierna desengañadora, ahí, dolorosamente próxima
al corazón solitario? ¿Es más suave con los amantes?
Ay, ellos sólo se ocultan uno a otro su suerte.
¿Todavía no lo sabes? Arroja el espacio que abarquen
tus brazos hacia los espacios que respiramos; quizá
los pájaros sientan el aire ensanchado con un vuelo
más íntimo.

Sí, las primaveras de veras te necesitaban. Varias
estrellas te pedían que las rastrearas. Se alzaba
en el pasado una ola hacia ti, o cuando pasabas
por una ventana abierta, se te entregaba un violín.
Todo esto era una misión, ¿pero fuiste capaz de cumplirla?
¿No estabas siempre distraído por la esperanza, como
si todo ello te anunciara a una amada? (¿Dónde intentas
alojarla, si en ti los grandes pensamientos extraños
entran y salen, y con frecuencia se quedan durante la noche?).
Pero si sientes anhelos, canta pues a las amantes; no es,
en absoluto, suficientemente inmortal su famoso
sentimiento. Aquéllas que casi envidias, las abandonadas,
las encuentras mucho más amantes que las saciadas.
Empieza siempre de nuevo la alabanza siempre inalcanzable.
Piensa: el héroe sigue en pie, aun el ocaso fue para él
sólo un pretexto para ser: su último nacimiento.
Pero a las amantes la exhausta naturaleza las recoge
en su seno, como si no hubiera fuerzas para lograr esto
dos veces. ¿Has pensado lo suficiente en Gaspara Stampa,
y lo que puede sentir cualquier chica a quien el amado
abandonó, frente a tan elevado ejemplo de mujer amante:
¿Llegaré a ser como ella? ¿Estos, los más antiguos
dolores, no deberán, por fin, darnos fruto? ¿No es
tiempo ya de que, al amar, nos liberemos del amado y,
temblorosos, resistamos, como la flecha resiste al arco,
para ser, unidos en el salto, algo más que la sola
flecha? Porque el permanecer está en ninguna parte.

Voces, voces. Corazón mío, escucha, como sólo los santos
escuchaban; la enorme llamada los alzaba del suelo;
pero ellos seguían de rodillas, de modo imposible,
sin darse cuenta: de tal manera escuchaban. No
que pudieras soportar la voz de Dios, lejos de eso, pero
escucha el soplo, las noticia incesante que se forma
del silencio. Murmura hasta ti desde aquellos que han
muerto jóvenes. ¿Acaso su destino no se dirigió siempre
tranquilamente a ti, en Roma y Nápoles, cuando entrabas
en alguna iglesia? O una inscripción sublime se grababa
para ti, como hace poco la lápida de Santa María Formosa?
¿Qué quieren de mí? Debo apartar en silencio
la apariencia de injusticia que a veces estorba un poco
el puro movimiento de sus espíritus.

Realmente es extraño ya no habitar la tierra,
ya no ejercitar las costumbres apenas aprendidas;
a las rosas, y a otras cosas particularmente promisorias,
ya no darles el significado del futuro humano; ya no ser
aquél que uno fue en interminables manos angustiadas
y hasta hacer a un lado el propio nombre, como un juguete
roto. Extraño, ya no seguir deseando los deseos. Extraño,
ver todo lo que tenía sus propias relaciones, aletear
tan suelto en el espacio. Y estar muerto es doloroso,
y lleno de recuperación, de modo que uno rastree
lentamente un poco de eternidad. Pero todos los vivos
cometen el mismo error de diferenciar demasiado
tajantemente. Los ángeles (se dice) con frecuencia no
sabrían si andan entre los vivos o entre los muertos.
La corriente eterna arrastra siempre consigo todas
las edades a través de las dos zonas y atruena sobre ambas.

Finalmente ya no nos necesitan, los que partieron
temprano, uno se desteta dulcemente de lo terrestre, como
uno se emancipa con ternura de los senos de la madre.
Pero nosotros, que necesitamos tan grandes secretos,
nosotros que tan frecuentemente obtenemos del duelo
progresos dichosos, ¿podríamos existir sin ellos?
¿Es inútil el mito de que, en la antigüedad, durante
las lamentaciones fúnebres por Linos,
una atrevida música primitiva se abrió paso en la árida materia
inerte; y entonces, por primera vez, en el espacio
sobresaltado, en el que un muchacho casi divino de pronto
se perdió para siempre, el vacío produjo esa vibración
que ahora nos entusiasma y nos consuela y ayuda?

Die erste Elegie

Wer, wenn ich schriee, hörte mich denn aus der Engel
Ordnungen? und gesetzt selbst, es nähme
einer mich plötzlich ans Herz: ich verginge von seinem
stärkeren Dasein.
Denn das Schöne ist nichts
als des Schrecklichen Anfang, den wir noch grade ertragen,
und wir bewundern es so, weil es gelassen verschmäht,
uns zu zerstören. Ein jeder Engel ist schrecklich.
  Und so verhalt ich mich denn und verschlucke den Lockruf
dunkelen Schluchzens. Ach, wen vermögen
wir denn zu brauchen? Engel nicht, Menschen nicht,
und die findigen Tiere merken es schon,
daß wir nicht sehr verläßlich zu Haus sind
in der gedeuteten Welt. Es bleibt uns vielleicht
irgend ein Baum an dem Abhang, daß wir ihn täglich
wiedersähen; es bleibt uns die Straße von gestern
und das verzogene Treusein einer Gewohnheit,
der es bei uns gefiel, und so blieb sie und ging nicht.
  O und die Nacht, die Nacht, wenn der Wind voller Weltraum
uns am Angesicht zehrt  - , wem bliebe sie nicht, die ersehnte,
sanft enttäuschende, welche dem einzelnen Herzen
mühsam bevorsteht.
Ist sie den Liebenden leichter?
Ach, sie verdecken sich nur mit einander ihr Los.
Weißt du’s noch nicht? Wirf aus den Armen die Leere
zu den Räumen hinzu, die wir atmen; vielleicht daß die Vögel
die erweiterte Luft fühlen mit innigerm Flug.

Ja, die Frühlinge brauchten dich wohl. Es muteten manche
Sterne dir zu, daß du sie spürtest.
Es hob
sich eine Woge heran im Vergangenen, oder
da du vorüberkamst am geöffneten Fenster,
gab eine Geige sich hin. Das alles war Auftrag.
Aber bewältigtest du’s? Warst du nicht immer
noch von Erwartung zerstreut, als kündigte alles
eine Geliebte dir an? (Wo willst du sie bergen,
da doch die großen fremden Gedanken bei dir
aus und ein gehn und öfters bleiben bei Nacht.)
Sehnt es dich aber, so singe die Liebenden; lange
noch nicht unsterblich genug ist ihr berühmtes Gefühl.
Jene, du neidest sie fast, Verlassenen, die du
so viel liebender fandst als die Gestillten. Beginn
immer von neuem die nie zu erreichende Preisung;
denk: es erhält sich der Held, selbst der Untergang war ihm
nur ein Vorwand, zu sein: seine letzte Geburt.
Aber die Liebenden nimmt die erschöpfte Natur
in sich zurück, als wären nicht zweimal die Kräfte,
dieses zu leisten. Hast du der Gaspara Stampa
denn genügend gedacht, daß irgend ein Mädchen,
dem der Geliebte entging, am gesteigerten Beispiel
dieser Liebenden fühlt: daß ich würde wie sie?
Sollen nicht endlich uns diese ältesten Schmerzen
fruchtbarer werden? Ist es nicht Zeit, daß wir liebend
uns vom Geliebten befrein und es bebend bestehn:
wie der Pfeil die Sehne besteht, um gesammelt im Absprung
mehr zu sein als er selbst. Denn Bleiben ist nirgends.

Stimmen, Stimmen. Höre, mein Herz, wie sonst nur
Heilige hörten: daß sie der riesige Ruf
aufhob vom Boden; sie aber knieten,
Unmögliche, weiter und achtetens nicht:
So waren sie hörend. Nicht, daß du Gottes ertrügest
die Stimme, bei weitem. Aber das Wehende höre,
die ununterbrochene Nachricht, die aus Stille sich bildet.
Es rauscht jetzt von jenen jungen Toten zu dir.
Wo immer du eintratst, redete nicht in Kirchen
zu Rom und Neapel ruhig ihr Schicksal dich an?
Oder es trug eine Inschrift sich erhaben dir auf,
wie neulich die Tafel in Santa Maria Formosa.
Was sie mir wollen? leise soll ich des Unrechts
Anschein abtun, der ihrer Geister
reine Bewegung manchmal ein wenig behindert.

Freilich ist es seltsam, die Erde nicht mehr zu bewohnen,
kaum erlernte Gebräuche nicht mehr zu üben,
Rosen, und andern eigens versprechenden Dingen
nicht die Bedeutung menschlicher Zukunft zu geben;
das, was man war in unendlich ängstlichen Händen,
nicht mehr zu sein, und selbst den eigenen Namen
wegzulassen wie ein zerbrochenes Spielzeug.
Seltsam, die Wünsche nicht weiterzuwünschen. Seltsam,
alles, was sich bezog, so lose im Raume
flattern zu sehen. Und das Totsein ist mühsam
und voller Nachholn, daß man allmählich ein wenig
Ewigkeit spürt.
 - Aber Lebendige machen
alle den Fehler, daß sie zu stark unterscheiden.
Engel (sagt man) wüßten oft nicht, ob sie unter
Lebenden gehn oder Toten. Die ewige Strömung
reißt durch beide Bereiche alle Alter
immer mit sich und übertönt sie in beiden.

Schließlich brauchen sie uns nicht mehr, die Früheentrückten,
man entwöhnt sich des Irdischen sanft, wie man den Brüsten
milde der Mutter entwächst. Aber wir, die so große
Geheimnisse brauchen, denen aus Trauer so oft
seliger Fortschritt entspringt
 - : könnten wir sein ohne sie?
Ist die Sage umsonst, daß einst in der Klage um Linos
wagende erste Musik dürre Erstarrung durchdrang;
daß erst im erschrockenen Raum, dem ein beinah göttlicher Jüngling
plötzlich für immer enttrat, das Leere in jene
Schwingung geriet, die uns jetzt hinreißt und tröstet und hilft
.





ME ESTÁS MATANDO…

30 07 2008

Nouvelle Vague”, fue un interesante experimento cinematográfico, que hasta la fecha tiene frescura. Chabrol, Resnais y Truffaut Ocuparon las pantallas francesas para ofrecer visiones personales y experimentales, cine de bajo presupuesto y alta calidad.

Ahora hasta encontramos un grupo de Música llamado Nouvelle Vague que les rinde tributo. El grupo recupera el Punk, Hard Core y el New Wave de hace algunos ayeres y al final logra traerlos de vuelta y actualizarlos, el grupo también hace memoria.

Enmarcada en la “Nueva Ola” surge un trabajo desenfadado pero y al mismo tiempo lleno de retórica y sorpresa. La película es de Alain Resnais, pero esta cimentada en un guión de Marguerite Duras, que nos va llevando de la mano. Las tomas largas propias de la Nouvelle Vague están como hechas a la medida y podemos disfrutar la prosa diáfana y arrolladora de Duras.

En Hiroshima Mon amour cada palabra es un aliento, nada sobra, y al mismo tiempo es familiar, como sí algo dentro de nosotros nos hablara, nos preocupara y nos tocara el hombro para voltear. Hay una furia y al mismo tiempo apego y cariño. Como si fuera un recuerdo que llega de pronto, y a cada rato las palabras imitaran el sentido de la memoria – hilo conductor de la trama del film-.

Cada dialogo es como si trajéramos paraguas, pero nos sorprendiera una lluvia oblicua, de esas de las que no hay forma de guarecerse. Cada palabra nos moja los pies pero también es agua tibia.

La memoria y el pasado confluyen como una bomba atómica. Explosión interna y externa. El recuerdo y las deudas con el pasado van inflando un globo que nos explota en la cara. En Mon Amour todo es una constante vuelta.

Una de las definiciones del hombre es que es “un animal hecho de memoria”, y esta premisa se vuelve cierta en cada cuadro de la película. Las palabras de Duras vienen en una ola, avanzan desde lejos hasta que nos azotan, pero al final nos regresan a la orilla tarde o temprano.

Vale mucho la pena leer el guión de la película y el film tiene que verse en su idioma original, hay momentos llenos de ritmo -en su sentido más amplio- donde cada palabra se encuentra con cada imagen y en con ellas convive el mundo. Nos deja pasmados como si acabáramos de presenciar algo que se levanta triunfal y no sabíamos que estaba caído.

… te encuentro a ti.
Te recuerdo.
¿Quién eres?
Me estás matando.
Eres mi vida.
¿Cómo iba yo a imaginarme que esta ciudad estuviera hecha a la medida del amor?
¿Cómo iba a imaginarme que estuvieras hecha a la medida de mi cuerpo mismo?
Me gustas. Qué acontecimiento. Me gustas.
Qué lentitud, de pronto.
Qué dulzura.
Tú no puedes saber.
Me estás matando.
Eres mi vida.
Me estás matando.
Eres mi vida.
Tengo tiempo de sobra.
Te lo ruego.
Devórame.
Defórmame hasta la fealdad.
¿Por qué no tú?
¿Por qué no tú, en esta ciudad y en esta noche tan semejante a las demás que se confunde con ellas?
Te lo ruego…

ELLA: NADA.
De la misma manera que existe esta ilusión en el amor, esta ilusión de ser capaz de no olvidar nunca, también yo he tenido la ilusión ante Hiroshima de que jamás olvidaría.
…Igual que en el amor.


ELLA: También he visto a los supervivientes …y a los que estaban en el vientre de las mujeres de Hiroshima. He visto la paciencia, la inocencia, la aparente dulzura con que los supervivientes provisionales de Hiroshima se acomodaban a una suerte tan injusta que, la imaginación, generalmente tan fecunda, se cierra ante ellos.
Escucha… Sé… Lo sé todo. Todo sigue.

EL: No sabes nada.

ELLA: Las mujeres corren peligro de dar a luz niños deformes, …monstruos, …pero todo sigue. Los hombres corren el peligro
de verse atacados de esterilidad, pero todo sigue…
La lluvia da miedo. Lluvias de cenizas sobre las aguas del Pacífico. Las aguas del Pacífico matan. Han muerto pescadores del Pacífico. La comida da miedo. Se tira la comida de toda una ciudad. Se tira la comida de ciudades enteras. Toda una ciudad monta en cólera. …Ciudades enteras montan en cólera.
¿Contra quién, …la cólera de ciudades enteras ?
La cólera de ciudades enteras, tanto si lo quieren como si no, contra la desigualdad establecida como principio por ciertos pueblos contra otros pueblos, contra la desigualdad establecida como principio por ciertas razas contra otras razas, contra la desigualdad establecida como principio por ciertas clases contra otras clases.

ELLA: Escúchame…
Igual que tú, yo conozco el olvido.

EL: No, tú no conoces el olvido.

ELLA: Igual que tú, estoy dotada de memoria. Y conozco el olvido.

EL: No, tú no estás dotada de memoria.

ELLA: Como tú, también yo intenté luchar con todas mis fuerzas …contra el olvido. Y he olvidado, …como tú. Como tú, deseé tener una memoria inconsolable, una memoria de sombras y de piedra. Luché por mi cuenta, con todas mis fuerzas, cada día, contra el horror de no comprender ya en absoluto el por qué de recordar.
Y como tú, he olvidado…
¿A qué negar la evidente necesidad de la memoria…?





REPTIL MAGAZINE.

21 07 2008

Conocí a Jorge Boccanera en un encuentro de escritores, hace ya un rato, en el año 2001 en la ciudad de Gualeguaychu, Arg, casi frontera con Uruguay.

Confieso que no sabía absolutamente nada de él cuando lo conocí, pero el parecía contento de platicar con un mexicano, bueno eramos dos -yo iba con una vieja amiga- era muy placentero estar con él, muy divertido, hablabamos de la revista que el dirigió acá: “PLURAL”, que tenía muchos problemas, por la actitud acaparadora de Paz y Cía. Platicabamos que ese monopolio literario de Paz y su grupo afecta hasta la fecha, que la calidad de Paz es indiscutible, pero que sin embargo, muchos de su grupo no merecía tantos beneficios como los que tenían -y que aún tienen- ,que no era una obra de esfuerzo sino de servilismo, y que eran como pequeños gangsters del medio literario, bueno el ya estaba ajeno desde hace tiempo del medio mexicano pero sin embargo recordaba los problemas con la revista plural.

Al margen de esto, compartimos muchas platicas sobre poesía, cantabamos uno que otro bolero, comiamos juntos y nos tomábamos unas “helodias” como el decía tratanndo de evocar los barrios del DF, intercambio y ponernos al tanto a cada palabra, una tentativa del recuerdo era cada encuentro; me regalo uno de sus libros que no quise leer hasta mi llegada a la Ciudad de México, fue una sorpresa agradable leerlos acá, las letras se impregnaron de intervalos y pequeñas despedidas.

Al final me di cuenta que sus poemas eran como unas mezcla de tangos y boleros un aire porteño y chilango al mismos tiempo, una necesitada comunión, de un ser que va y viene, que regresa y al mismo tiempo nunca abandona.

Los poemas de Boccanera son un estirar las manos como para darle más aire a los pulmones o de humo, es colmarnos de algo liviano, como si un amigo nos platicará algo en la mesa. Sirvan estas palabras rápidas como un choque de cervezas y un saludo.

ARDER

Cuando nos besamos trituramos un ángel.
Su última voluntad será nuestro deseo.
Tiempo habrá para escupir sus vidrios de colores,
su sombrero de plumas,
barajas manoseadas por tahúres y ahora

hay que hacerlo entrar,
ofrecerle licor (que él viene de morirse),
acercarle una silla (que lee en la oscuridad).

Dirá sus baratijas,
su forma de guiarnos al secreto de la vieja
estación.
Dirá que el vino está hecho de hojas secas,
que puede hacer un fuego con tu rostro y el mío.
(Ni un centavo de luz a su trabajo).

Cuando nos besamos desollamos un ángel,
un condenado a muerte que va a resucitar en
otras bocas.
No tengas lástima por él, sólo hay que hincar el
diente
y triturar al ángel.
Abrir tus piernas blancas y darle sepultura.

ELLA

Viene despacio

entra

tropieza con mi tos
con mi costumbre de dejar la nuca
en cualquier parte
viene despacio
ordena mis silencios
desata las palabras necesarias
recibe la correspondencia de mis ojos
viene despacio
a tender sus manteles de ternura
viene despacio
apenas hecha humo para no despertarme
se abre paso entre vasos arrojados al día
retratos de mujeres
noches de bronca y noches de ginebra
viene despacio
con su enchape celeste subiéndose a mis mástiles
viene despacio
entra
se arrodilla al borde de mi alma
y junta los fragmentos de mi risa
después… se vuela azul como la tarde.

ENVÍOS

Todo lo que se da llega a destiempo.
No existe otra manera.
Entre el ojo y la mano hay un abismo.
Entre el quiero y el puedo hay un ahogado.
Un país que asoma su cabeza deforme en una
carta,
y va a darse a destiempo, nada es lo que
esperabas.
Y lo que llega envuelto en papel de regalo se irá
sucio de odio.

Bailamos entre los escombros de una cita.
Dibujamos una taza de café en el desierto.
Vivimos de sumar y de restar:
lo que te da el amor, lo que te quita el miedo.
Al final nos entregan los huesos de un perfume.

Aún así persistimos.
En alguna montaña vive un pez resbaloso.
Entre números rotos se desliza una estrella.

NOTICIAS DE UNA MUJER CUALQUIERA

entramos a la pieza casi sin reconocernos
sus ojos eran pactos de ternura y violencia
yo la miraba todo el tiempo
habrá pensado en mi cansancio
habrá pensado -está borracho-
habrá pensado en irse pronto
habrá pensado tantas cosas

me acerqué a sus dos manos
sin dejar de mirarla
desde mi soledad hasta su boca
habrá pensado en enojarse
habrá pensado -no es un hombre-
habrá pensado ¿en qué quedamos?
habrá pensado tantas cosas

cuando entró el sol cuando se fue
desde mi boca hasta su adiós
y aún en el viaje de regreso
habrá pensado tantas cosas
habrá pensado tantas cosas.

GALERIA DE COSAS INÚTILES

El viejo leon de circo no distingue

entre un ruido cualquiera y un aplauso cerrado

Para él. todos son ruidos.

Para él, todos los hombres son payasos.

DE REPTIL MAGAZINE

Es inútil,

jamás encontrarías a este corazón de dinosaurio

porque has sido educada para el corazón de otras especies,

animales domésticos,

cuyo pelambre con aroma de cedro y azucena

es más que necesario es estas épocas,

gallinaceas de fastuosa cola,

plumaje verde con visos azules y dorados.

Un dinosaurio nunca ha sido ascendido en su trabajo

ni ha sido condecorado nunca,

ni siquiera ha protagonizado un film de amor.

Más bien resulta incómodo su abrazo,

ilegible su letra,

incomprensible su cuota de alcohol diaria.

Y lo que es más,

esta piel cuaternaria no comprendería nunca

las complicidades y pactos de hoy en día:

mente ágil,

disciplina

popuarum-progressio.

Yo bien se que es inútil,

quizás en otros días,

después del maremoto anunciado por los sabios ilustres,

antes del gran diluvio,

alguna vez,

quién sabe.

Pero ahora es inútil,

porque has sido educada para otros menesteres.

Nunca el insomnio cabalgando en esta música de besos,

encuentros insolentes,

el deseo de pastar en los campos prohibidos

y la entrega total, de cabo a rabo.

Ahora,

recoge con cuidado tus manecillas suaves y tus labios ociosos,

tu cabello de seda y esa voz aflautada entre sorbos

de té solía decir: “mañana es otro día”.

Ha de haber sido horrible para ti,

haberte visto envuelta de pronto en este embrollo.

Tamaño lío, haberte enamorado por un instante de este

corazón de dinosaurio.

Además,

nunca hubieras podido dormir con mis latidos como de clavicordio y de tormenta.

Con estos ojos tristes quién hubiera podido, mi pequeña.





T.S.ELIOT -Un acercamiento a través de Groucho Marx-

2 07 2008


Leer a Eliot es como andar a tientas, entrar en la grandiosidad de la noche pero al mismo tiempo preocuparse por los tropezones. Asumo a Eliot como oscuro. Las razones pueden ser: la falta de claves como lector latinoamericano, los nudos ciegos de la traducción, la violencia metafísica de sus poemas o sus insinuaciones tan lejanas y cifradas. A pesar de esto, nada logra ocultar su poder, su palabra certera, Eliot fue un innovador, una olla de presión urgida por explotar y que exploto, salto en pedazos y dejo una mancha indeleble en la literatura.

Tal vez por esa y otras razones a veces parece muy arriba, en otro plano ya; al final el resultado es emocionante y retador aunque a veces desalentador, digo esto porque en la actualidad resulta muy poco leído T.S. Eliot, se nombra Waste Land se vuelve a nombrar y al final ¡No se lee!, me aventuro a esta aseveración que me daría tedio comprobar, pero no extender, lo mismo le pasa a Proust y A la recherche du temps perdu y al Ulises de James Joyce. Obras que salen a la plática en mesitas de café, pero cuando uno se aventura a preguntar, siempre resulta que no se leyó, pero que algunas partes si, o que son obras tan grandes e importantes que “hay que dedicarle su tiempo” tal vez todo un verano y ese verano no llega. Y si llega ese verano vamos a una librería y al tratar de comprar Waste Land , no hay ejemplares y pensamos que el libro es un clásico exitoso, pero resulta que no ha habido en mucho tiempo, simplemente no se surten y ni se editan; y más raro, hay libros sobre como leer a Eliot y Waste Land , ensayos de como leer un libro que no se encuentra y ya ni se vende, nuestra lectura es superficial “leemos de oídas”, por raro que parezca.

El asunto no es ese, trato de llegar al supuesto de que hay muchas razones y una expectativa extraña sobre un poeta de tan grandes alturas y que al final nos alejamos de él. Me imagino que todos caemos en este problema. Al leer la relación de T.S. Eliot con Groucho Marx, reconstruí a Eliot, le di otra vez su dimensión humana y recordé que la poesía es al final un reflejo nuestro, una memoria compartida, y sentí a Waste Land y Cuatro cuartetos y a las obras de Eliot otra vez acodadas en mi librero y calentando la habitación con sus palabras.

Cuelgo estas cartas como constancia y la promesa de que pronto trataré por separado algunas cosas tanto de Groucho Marx como de Eliot.

DE T.S. ELIOT

Abril 26, 1961

Querido Groucho Marx:

Le escribo esta carta para informarle que me dio un gran gusto recibir su fotografía. Pronto la pondré en su marco y la colgaré en el muro de honor junto a la de otros amigos como W.B. Yeats y Paul Valéry. Tal vez por cortesía me pide usted una foto. Sea por una cosa o por otra, no se salvará de recibirla, pues ya ordené una copia de una de las mejores. Se la dedicaré expresándole mi gratitud y asegurándole mi admiración. Debe saber que es usted mi personaje fotográfico más apreciado. Por eso me gustaría ocupar un lugar, aunque sea más humilde, en su colección.

Mi esposa y yo esperamos que cuando usted y la señora Marx vengan a Londres acepten venir a cenar a nuestra casa.

Sinceramente suyo
T.S. Eliot

PD A mí también me gustan los puros, pero no aparece ninguno en mi fotografía.

DE GROUCHO MARX

Junio 19, 1961

Querido T.S.

Su fotografía llegó en muy buenas condiciones y espero que usted se encuentre en las mismas.

No tenía idea de que fuera usted tan guapetón y no entiendo por qué no lo han invitado a hacer el papel protagónico en alguna película “sexy”. Esta negligencia es atribuible a la estupidez de los encargados de reparto.

Si voy a Londres me aprovecharé de su amable invitación y si viene usted a California espero que acepte la nuestra.

Cordialmente
Groucho Marx


DE GROUCHO MARX

Octubre 1, 1963

Querido Tom:

Si este no es su primer nombre ya metí la pata, pero creo que leí en alguna parte que su primer nombre es el mismo de Tom Gibbons, un afamado boxeador que alguna vez vivió en St. Paul.

No tenía idea de que andaba usted en los setenta y cinco años. Lo leí en un magnífico homenaje que le hicieron en la sección de libros del New York Times, el pasado 29 de septiembre. Si no la tiene usted, hágamelo saber y le regalaré mi ejemplar. Por cierto que lo ilustra la excelente fotografía que le tomó Gerald Kelly. Si juzgamos las cosas con base en ella, usted debe andar por los sesenta años con dos semanas.

En un párrafo del homenaje hablan de los muchos retratos que tiene usted en su estudio. Noté entre ellos una conspicua ausencia. Espero que se deba tan solo a una distracción de Stephen Spender.

Mi enfermedad, que hace tres meses mis tres médicos describían como leve, ha ocupado velozmente todo mi organismo. Me apena decir que los tres médicos tienen cierto interés en su bienestar económico. Por esta razón, y hasta el momento, me han sacado ocho mil dólares. Menciono estos hechos sólo para explicarle la razón por la que no podré ir en octubre. Sin embargo, allá por mayo o sus alrededores, espero estar en condiciones de devorar la comida gratis que usted me ha venido ofreciendo desde hace dos años.

Cariñosamente,
Groucho

DE T.S. ELIOT

Octubre 16, 1963

Querido Groucho:

No recuerdo de momento el nombre de Tom Gibbons, pero me parece importante si a usted le sirvió para recordar el mío…

Creo que Stephen Spender sólo mencionó las acuarelas y los óleos y no se refirió a las fotografías… Debo decirle que tengo en mi estudio la fotografía de un conspicuo e importante personaje que de inmediato es identificado por los visitantes y por mis amigos de ambos sexos…

Suyo
Tom

DE GROUCHO MARX

Noviembre 1, 1963

Querido Tom:

El nombre de Tom significa muchas cosas. Recuerdo a un famoso actor judío llamado Thomashevsky. Todos los gatos machos se llaman Tom salvo que hayan sido operados. En este caso serán neutrales, cosa imposible después de lo que ha pasado en Saigón y que anula la neutralidad.

Hay una vieja canción infantil que dice: “Tom, Tom, el hijo del gaitero”, etcétera. El tercer presidente de Estados Unidos se llamaba Tom (me refiero, por si ya se le olvidó, a Jefferson). Así que cuando le digo Tom significa que es usted una mezcla de campeón de box de peso completo, de gato callejero y de tercer presidente de Estados Unidos.

Acabo de terminar mi último libro: Memorias de un amante sarnoso. Casi todo es autobiográfico y hay muy poquita ficción. Dudo que perdure a través de los años, pero si usted se encuentra en un estado de ánimo “sexy” la noche en que lo lea puede ser que lo estimule hasta el extremo de no reconocerse a sí mismo y de revivir memorias olvidadas desde hace muchos años.

Existe la posibilidad de que vaya a Nueva York en diciembre.

Lo mejor para usted y para la señora Tom.

Suyo
Groucho

DE T.S. ELIOT

Junio 3, 1964

Querido Groucho:

Los periódicos publicaron su fotografía y dijeron que, entre otros motivos, venía usted a Londres para verme. Esto aumentó considerablemente mi prestigio en el barrio, de manera especial en la verdulería de la esquina. Obviamente me he convertido en un hombre importante.

Suyo
Tom


UNA CARTA DE GROUCHO A RUSSELL BAKER

Enero 21, 1965

Estoy triste por la muerte de T.S. Eliot. Mi esposa y yo cenamos en su casa hace varios meses. En esa ocasión me di cuenta de que ya no pertenecía a este mundo. Fue un hombre bueno. Este es el mejor epitafio que puede tener una persona…

Groucho

Traducción de Stan Hardy





PEQUEÑO CUADERNO DE VIAJE.

20 06 2008

Los meses y los días son Viajeros de la Eternidad.
-Matsuo Basho-

El verdadero viaje no es un recorrido, es otro. Es el que se queda en otra parte. Despedirse y odiarlo, o más bien, un oficio de desprendimiento, meter y sacar los pertrechos de la mochila como si con ello sacáramos nuestras dudas o certezas. Andar y alejarse es exteriorizarnos, separarnos de nosotros, porque por fin nos vemos desde afuera, por fin nosotros somos el espejo con nuestra cara.

Esa parece la iniciativa de Matsuo Basho es la sensación que nos queda. Basho alimenta ese órgano de viaje que debemos tener en la rodillas o atrás de los ojos que se quieren colmar, como si fueran un tarro de cerveza; ojos que quieren mirar hasta derramarse en si mismos.

Matsuo Basho en “Sendas de Oku” nos hace sentir que caminamos con él, de que uno es su aprendiz y que estamos allí y vamos escuchándolo como se escuchan las cigarras o los ríos, lo escuchamos como se cruza una ciudad a pie o se piensa que mañana se estará en otro lugar, un lugar tan nuevo como nosotros mismos al llegar.

Construir una cartografía con palabras. Un signo o una señal de transcurrir. Un viaje al fin, un viaje que inicia antes del viaje mismo, porque es pensarlo; desear perder el suelo para extrañar, intentar no volver, nada más intentar, porque es vano, uno avanza, pero al final… “siempre se vuelve al primer amor” –diría un tango- y el hogar entra en esa categoría. Pero ese es otro asunto, es la cola de la salamandra que se muerde a si misma, el viaje es no reconocer el techo donde despertamos y tener un instante de extrañeza todos los días, todo lo que se nos impregna en la piel y deja una impronta tan perdurable como un sendero ya por siglos caminado.

Matsuo BashoLeer “Sendas de Oku”, en esta época de cámaras digitales y videocámaras del tamaño de una cajetilla de cigarros, es que Matsuo Basho nos recuerde que a veces no hay recuerdo mas falso que un registro fácil y simple; que recordemos que un viaje no es sólo haber estado allí. Que nada de ello puede abarcar nada y que al final el turismo no existe. Estamos de paso en todos lados, somos un intervalo.

El libro no sólo es una obra maestra por ser de los pocos y casi de los únicos libros que en serio son un libro de viaje, además es una obra maestra por conjugar como nadie una excelente poesía y una prosa cristalina; es incatalogable, puro y único como un viaje iniciático.

Al final solo vemos el camino como quisieran los taoístas, no importa si llegaremos o adonde vamos; el camino ya es un final en sí, no más preguntas, ni esperas en la estaciones, ni retrasos del tren, todos se forma ante nuestros ojos, todo se concentra y lo que no es propio del viaje nos estorba.

Caminamos en las páginas de “Las Sendas de Oku” porque Basho construye una cartografía, la prosa y la poesía conviven y forman un paisaje, eso es “Sendas de Oku”, una prosa que se configura como un pequeño continente o una isla y la poesía que se vuelve un mar interno.

Un viaje al fin.

La mejor versión al Español es la hecha por Octavio Paz e Ikichi Hayashiya, el libro vale además por el excelente prólogo, notas e ilustraciones. De este libro precisamente les dejo unos fragmentos.

***

La posada de Soka

Sin muchas cavilaciones decidí, en el segundo año de la Era de
Genroku (1689), emprender mi larga peregrinación por tierras de
Oou. Me amedrentaba pensar que, por las penalidades del viaje,
mis canas se multiplicarían en lugares tan lejanos y tan conocidos
de oídas, aunque nunca vistos; pero la violencia misma del deseo
de verlos disipaba esa idea y me decía: “¡he de regresar vivo!”. Ese
día llegué a la posada de Soka. Me dolían los huesos, molidos por
el peso de la carga que soportaban. Para viajar debería bastarnos
sólo con nuestro cuerpo; pero las noches reclaman un abrigo; la
lluvia, una capa; el baño, un traje limpio; el pensamiento, tinta y
pinceles. Y los regalos que no se puedan rehusar… Las dádivas
estorban a los viajeros.

***

Kurozuka y la piedra

Torciendo a la derecha desde Nihonmatsu, fuimos a echar un
vistazo a la cueva de Kurozuka. Nos hospedamos en Fukushima.
Al amanecer salimos rumbo a Shinobu, para contemplar la piedra
con que imprimen los dibujos en las telas. La encontramos, medio
cubierta de tierra, en un pueblo en la falda de la montaña. Los
muchachos del lugar se acercaron y nos dijeron: “Antes estaba en
la punta del cerro pero las gentes que pasaban por aquí cortaban
las plantas de cebada, que luego machacaban con la piedra. Los
campesinos se enojaron y la echaron al valle. Por eso la piedra está
boca abajo”.

Manos que hoy plantan el arroz:
ayer, diestras, dibujos
imprimían con una piedra.

***

Sosiego en un templo de la montaña

En el Señorío de Yamagata hay un templo en la montaña llamado
Ryusyaku. Lo fundó el gran maestro Jikaku y es un lugar famoso
por su silencio. Como me recomendaron que fuésemos a verlo,
tuvimos que regresar a Obanazawa y caminar cerca de siete ri. El
sol no se ocultaba aún y pedimos hospitalidad en uno de los asilos
para los peregrinos que se encuentran en las estribaciones del
monte. Después subimos al santuario, que está en la cumbre. La
montaña es un hacinamiento de rocas y peñas, entre las que crecen
pinos y robles envejecidos; la tierra y las piedras estaban cubiertas
por un musgo suave y todo parecía antiquísimo. El templo está
construido sobre la roca; sus puertas estaban cerradas y no se oía
ningún ruido. Di la vuelta por un risco, trepé por los peñascos y
llegué al santuario. Frente a la hermosura tranquila del paisaje, mi
corazón se aquietó:
Tregua de vidrio:
el son de la cigarra
taladra rocas.

***

La despedida de la pareja de gaviotas.

A Sora se le ocurrió enfermarse del vientre. Tiene un pariente en
Nagashima en la provincia de Ise, y decidió adelantarse. Al partir
me dejó este poema:

Ando y ando.
Si he de caer, que sea
entre los tréboles.

La pena del que ya se va y la tristeza del que se queda son como la
pareja de gaviotas que, separadas, se pierden en la altura. Yo
también escribí un poema:

Hoy el rocío
borrará lo escrito
en mi sombrero.





TRACTATUS MÍNIMO SOBRE EL ASMA Y OTRAS COSAS.

11 06 2008

o de los “Peregrinos Inmóviles”

a STG

Sonido áspero, inconsciente, subterráneo, rítmico; si, si, hablo del asma, pero acaso la poesía no es algo parecido, no sabemos de donde aparece y parece incontenible; igual ahoga.

Escribo a este respecto porque mencionaba a Lezama Lima hace una semana y colgué uno de los fragmentos de su diario que se refería a Proust. Ambos hermanos del mismo mal, ambos acabados por el asma o iniciados por el asma.

Proust decía que su respiración, modificaba su puntuación y, por lo tanto, su escritura. “En Busca del Tiempo Perdido” si fue escrito gracias al asma, no sólo por lo referido por Proust en sus puntuaciones; es una causa directa de que Proust se enclaustrara y escribiera un portento de más de dos mil páginas. Claro, nos queda esa bella duda de a que se refería al hablar de la modificación en la puntuación: En los celos de Swann, en los paisajes, en el claustro de Albertina, en las intermitencias del corazón, en la compresión a posteriori, en las magdalenas, en recuperar el tiempo como se trata de recuperar aire; se que eso no es puntuación, pero sin duda si es un espasmo.

En cuanto a Lezama el asma también funcionaba como pertenencia y aún como consuelo, ser un suicida involuntario y sentirse cerca de otros grandes asmáticos desde Séneca hasta el ya mencionado Proust, Lezama se fue extendiendo como un bosque y no solo literariamente, fue creciendo aún físicamente y se volvió un sedentario, y al mismo tiempo un vagabundo imaginario, un “Peregrino inmóvil”.

Pero ellos no son los únicos escritores asmáticos, Gonzalo Rojas -ese “animal rítmico”- pertenece al grupo y me atrevo a asegurar que la maestría y la forma de encabalgar los versos de Gonzalo Rojas es muy asmática: es cortante, rechina y ronronea, es un jalar las palabras como si tratara de oxigenarse, una exhalación de turbulencia y leche. Escribir es “Contra la Muerte”, vivir con asma crónica, definitivamente, es vivir con la muerte guardada en el sistema respiratorio.

Otros más a los que les pasaba lista “La Dama del Alba” son : José Martí, Dickens, Elizabeth Bishop, Pita Amor, Chaplin, Dylan Thomas y sí alguien sabe de otros pues espero su inventario.

Cada uno con sus particularidades, con palabras ojerosas y llenas de contemplación. ¿Que se hace cuando no se puede correr? se contempla y se toman otros vehículos, más asombrosos y ágiles, bronquios imaginarios. Alguna solución terrible y bella como una tormenta de arena.

ASMA ES AMOR

                                  A Hilda, mi centaura.

Más que por la A de amor estoy por la A
de asma, y me ahogo
de tu no aire, ábreme
alta mía única anclada ahí, no es bueno
el avión de palo en el que yaces con
vidrio y todo en esas tablas precipicias, adentro
de las que ya no estás, tu esbeltez
ya no está, tus grandes
pies hermosos, tu espinazo
de yegua de Faraón, y es tan difícil
este resuello, tú
me entiendes: asma
es amor.

FRAGMENTOS.

2

Cuerpo que vas conmigo, piel

de mi piel, hueso de mi hueso, locura

de haber venido a esto, desde la madre

a la horca,

solo el Absoluto

es más fuerte que el leopardo,

3

un zarpazo, un ritmo,

no hay

otra hermosura comparable:

ni a la que besamos, ni

la que no alcanzamos a besar de prisa

de la aguja terrestre,

ni la majestad

del cielo y sus abismos, ni esta noche

tan

tersamente fragante

para yacer desnudos como vinimos

entre el fulgor y el éxtasis: como vivimos y nos vamos.

GONZALO ROJAS

***

Yo

tengo que yacer

quieto como una piedra

junto al tabique de hueso

del jilguero escuchando el

lamento de la madre oculta

y la oscurecida faz del dolor

que arroja el mañana como una espina

hasta que las matronas canten

y el turbulento recién nacido

me encienda su nombre y su llama

y rasgue el alado tabique

con su tórrida corona

y la oscuridad arrroje

de su costado y

la transforme

en luz.

DYLAN THOMAS

***

ONCE DE DICIEMBRE

Te pienso en la cama,

tu lengua mitad chocolate, mitad océano,

en las casas a donde llegas,

en tu cabeza como pelo de alambre,

en tus manos persistentes y también

en las barreras que carcomíamos, pues somos dos.

Cómo entras y tomas mi copa de sangre

y me unes y te llevas mi salmuera.

Estamos desvestidos. Desnudos hasta los huesos

y nadamos uno tras otro y remontamos y remontamos

el río, el río idéntico llamado Mío

y entramos juntos. Nadie está solo.

ELIZABETH BISHOP

***

CARTA DE MARCEL PROUST A SU MADRE

Mi querida mamá:

Jamás podré explicarte hasta qué punto me haces falta aquí. El mar que amas tanto, colores que te encantarían, un aire que no tiene nada en común con el del comedor, una temperatura que obliga a cada uno a refugiarse en los chales (no en las piezas, por cierto, frente a las cuales el comedor es un helero. Me veo obligado a dejar mi tragaluz entreabierto, lo que me oprime en las mañanas debido a la humedad, pero es imposible abrirlo cuando se desea y hay que decidirse en la noche si quiere abrirse). Habiéndote visto sufrir por el calor, siempre huyendo, durmiendo pesadamente, querría verte aquí durmiendo y respirando. Háblale a Robert sobre tu cansancio del otro día y sobre los más mínimos detalles de tu salud. Yo no le hablo porque no quiero intervenir y molestarte si lo supieras (y aunque no lo supieras). Pero piensa que vivo a tu lado con los ojos cerrados, que puedes tener dolores, cólicos nefríticos, y que pudiste tener la enfermedad de este invierno sin que yo supiera nada. Por lo tanto, dame siquiera la tranquilidad de hablarle en detalle a Robert. La felicidad y la pena han madurado su naturaleza como un fruto que se convierte en dulce después de haber sido más bien un poco ácido. De manera que su inteligencia y su encanto te aconsejarán conjuntamente. Estoy desolado por la muerte de Waldeck Rousseau y doblemente, porque sé que debes de estar triste. En realidad se presiente que estos últimos meses deben haber sido tan cruelmente silenciosos, tan amargos, más decepcionado y desencantado de la vida que termina que angustiado frente a la muerte. Hubiera preferido quizá un poco menos de estrépito en lo de la conversión. “En cuanto a los sentimientos cristianos, hermano”.Pero es muy inútil demostrar a la humanidad que la religión y la política nada tienen que ver entre sí, y que se puede ser severo con el clero y piadoso al mismo tiempo. Sólo que no creo que él lo fuese.
Mil besos tiernos, pronto efectivos,

Marcel

Desde que comencé a escribirte me he calentado y no tengo nada de asma. Como en una ópera, te inclinaste sobre mí mientras escribía y la dulzura de nuestra conversación borró los últimos vestigios de opresión. Creo que partiré mañana por la mañana. Pero habrá que partir temprano. Y como almorcé poco, tendré que comer algo y eso no me permitirá acostarme temprano. ¡Complicado!
Mil besos tiernos, Marcel

MARCEL PROUST





“AH, QUE TÚ ESCAPES”

4 06 2008

José Lezama LimaLa poesía es una expresión protoplásmica del hombre, busca los cuerpos primeros, puros.

-JOSÉ LEZAMA LIMA-

Hablaba arriba, antes, otro día; de José Carlos Becerra y no pude dejar de pensar en su “Querido Maestro” al menos así lo nombraba él en alguna carta, Becerra le dirigía palabras con emoción y vértigo, como si escribirle al “Querido Maestro” fuese llegar a un puerto ya conocido pero con olas altas. El Maestro le escribía también a Becerra, hay al menos dos cartas conocidas, pero la primera quedó varada en Londres en manos de Hugo Gutiérrez Vega y la segunda carta no esta dirigida a Becerra, es un pésame. Así que ninguna de estás dos cartas llego a puerto ya que como dije arriba, antes, otro día; el acontecimiento de Brindisi nubló todo.

El maestro de quién hablo es José Lezama Lima el poeta que “creó la resurrección y entonó contra la muerte un hurra victorioso”. Lezama fue reconocido tardíamente pero aún en vida. Se cuenta que debido a la gran propaganda hecha por Julio Cortázar, que fue quien preparó la publicación “Paradiso” en México, de la mano del autor y de Carlos Monsiváis.Paradiso” es una novela escrita por un poeta, yo la pondría en ese grupo tan especial en donde también estarían “Los Cantos De Maldoror”, “Pedro Páramo”, “Nadja”, “Aurelia” …

Lezama decía del latinoamericano que era “Barroco por definición” que es lo que nos dá particularidad, si es así, la literatura de Lezama nos define y nos abruma, nos rebasa y nos reencuentra. Nos colma con su obra, como si quisiera a veces concentrar todas las aves en un solo árbol; nos deja disconformes con su obra pero por lo contrarió esto genera otro agradecimiento, algo más que le debemos, otro homenaje que tienes sus cables en la queja.

Sin duda José Lezama Lima es un gran árbol, un Secuoya, un Tule, un Abeto, al mismo tiempo un Sauce y una Palmera… me equivoco, no, no es un árbol, es un bosque universal. Un todo que cubre y cobija; grandeza en la que hay que adentrarse en sus parajes para ver su belleza y al mismo tiempo ver de lejos para perderse y no, en su verdor y extensión.

Así que lo que les colgaré en esta ocasión unos fragmentos “extraños” que pertenecen al “Diario de Lezama Lima” y un poema que precisamente se llama “Ah, que tu escapes” de su libro “Enemigo Rumor”.

AH, QUE TÚ ESCAPES

Ah, que tú escapes en el instante
en el que ya habías alcanzado tu definición mejor.
Ah, mi amiga, que tú no quieras creer
las preguntas de esa estrella recién cortada,
que va mojando sus puntas en otra estrella enemiga.
Ah, si pudiera ser cierto que a la hora del baño,
cuando en una misma agua discursiva
se bañan el inmóvil paisaje y los animales mas finos:
antílopes, serpientes de pasos breves, de pasos evaporados,
parecen entre sueños sin ansias levantar
los más extensos cabellos y el agua más recordada.
Ah, mi amiga, si en el puro mármol de los adioses
hubieras dejado la estatua que nos podía acompañar,
pues el viento, el viento gracioso,
se extiende como un gato para dejarse definir.

JOSÉ LEZAMA LIMA

DIARIO


11 de Octubre de 1940.

*

La escolástica empleaba con frecuencia el término ente de razón fundada en lo real. Esa frase puede ser útil. Llevémosla a la poesía: ente de imaginación fundada en lo real. O si preferís: ente de razón fundada en lo irreal.

(Idem) Carnap, de la escuela de Viena, define al metafísico como un músico que ha errado su vocación.

¡Si pudieramos definir al poeta un metafísico que ha errado su vocación!

16 de Enero de 1942.

Habla Curtius de la sensibilidad de los paseos en carruaje, la que cree representa Proust. Eso le permitía, dice, una acumulación de impresiones visuales sin tener que prestar una actitud corporal. La saliva del gallo en la substancia; su pluma en su esencia. El gallo en el fondo del pozo. La boca del Buey como pozo.

*

Antes de sacarse los versos del alma, hay que sacarse el alma del culo.

*

Con que seguro paso el mulo entra en el abismo. El desfiladero y el temblor de su piel. Los tendones del mulo y la gran soga que rodea el desfiladero. Ese seguro paso del mulo en el abismo, suele confundirse con la esterilidad. ¡Por ti suele, confundirse, impotente y borracho!

*


Suéltame, porque creo en tu aliento. Ciégame, porque oigo tu no. Suéltame entre muchos pasos y ciempiés. Ciégame debajo del árbol de conocimiento. Suéltame que me reduzco y grito. Ciégame, que me abarco y comprendo.

JOSÉ LEZAMA LIMA





LA RELACIÓN DE LOS HECHOS.

27 05 2008

José Carlos Becerrra

Siempre lleno de agua, leerlo es también ahogarse con él. Sacar sus palabras con red. Páginas aún mojadas, como oxidadas por una noche que todo deshace, por una noche que vence cualquier carenado.

Octavio Paz al hablar sobre Jose Carlos Becerra y sú primer libro “La Corona de Hierro” decía: “…¡Su primer libro! Pienso con verguenza en las primeras cosas que yo escribí…”.

La tentativa poética de Becerra es completa y abierta, toda una carta de navegación, a pesar de que su obra se interrumpe brutalmente. A los 33 años tiene un accidente en Brindisi, Italia y como adivinan, el resultado fue el peor
Pero por su prolijidad pudo haber producido más y aún se notaba que empezaba una nueva experimentación. ¿Que tanto hubiera fabricado?, ¿cuántas palabras hubieran pasado por su astillero y hubieran salido con una enorme y hermosa vela blanca?. No lo sabemos.

Lo que sabemos es que necesita una nueva edición de sus libros, por separado, y dejar ese molusco que a veces no tiene forma: “la compilación”. Valdría un acceso y un acercamiento pedazo a pedazo porque al mismo tiempo cada libro es un todo.

El “Otoño recorre las islas” edición hecha después de su fallecimiento, mete toda la obra y los compiladores le meten la mano a los últimos versos de José Carlos y muchas veces para mal, ya pues, casi todas. Además nos deja la sensación de que cada palabra esta apretada, los poemas de Becerra necesitan donde andar con libertad, necesitan un mar blanco.

A pesar de lo anterior es un gran trabajo, completo y útil, estás palabras se deben a ese libro. Si “El Otoño Recorre las Islas” no se hubiera editado José Carlos Becerra y sus poemas serían un barco hundido que solo visitarían algunos buzos con suerte.

Por ahora dejo aquí un poema de Becerra que se llama “La Bella Durmiente”.


La bella durmiente

Aunque vengas mañana
en tu ausencia de hoy perdí algún reino

Carlos Pellicer

Tal vez retornan aquellas imágenes,
abrimos la caja de cristal y tomamos nuestra antigua cabeza, nuestros
primeros espejos ocultos allí,
y acariciamos temblado los labios de esa boca, que parece
atrapada por aquel irresistible deseo de morder el infinito,
pasamos los dedos por el suelo de esa frente, por la apariencia de
las mejillas que se resisten a la revelación,
y ya para entonces, otra vez, nos hemos olvidado de la forma de
nuestra antigua cabeza,
del deseo de esta mano con que aún acariciamos,
hemos perdido para entonces la cuenta
de nuestras estrellas y de nuestras hormigas.

Tal vez retornan aquellas imágenes,
tal vez aparece lo que quisimos que fuera el amor,
la costumbre de acariciarnos desde lejos, las señales de espejo
aprovechando cierto rayo de sol,
la clave Morse de los ahogados aprovechando la migración de ciertos
peces
los días de la convalecencia y el olor de la sal en los buques
abandonados.

Tal vez sólo fue esa costumbre de acariciarnos así,
de imaginarnos así,
en secreto,
en aire no compartido,
en respiración por separado,
pasando lentamente la mano por la sospecha de una caricia, como
alguien que mira hacia el mar
viendo desde su cama la pared de su cuarto.

Tal vez parece nuestra pequeña y antigua ropa, nuestro antiguo descaro
y nuestro antiguo pudor,
nuestro crecimiento por separado y nuestro amor por separado,
el delicioso escondite al que no hemos podido regresar
porque extraviamos el plano o porque la imaginación lo ha
cubierto de arena,
de blancas y suaves colinas parecidas al desencanto.

Y nos vemos desde aquí, nos tocamos y nos esperamos, fluimos en
nuestras distancias,
en las palabras donde las bocas quieren fundar breves puertos,
referencias de un mundo asediado por su invención,
y nos tocamos y nos esperamos,
sonriendo sin remendio, vacilando sin remedio, la boca casi seca por
el sabor de lo irreal,
aplastados por una lucidez en la cual tampoco creemos.
(Alguien acaba de encender la noche en nuestros ojos, alguien acaba
de asistir a una ejecución en nuestra mirada),
y nos preguntamos por dónde, a qué hora, en qué sucesión de imágenes
vamos a reconocernos.
Nos entregamos por un instante al instante,
por un momento dejamos de existir en todos los sitios donde nos
recuerdan o donde nos olvidan
las leyes de la ciudad no nos tocan,
por un instante somos los otros,
aquellos dos en los que tanto soñamos.

Y nos reimos un poco torpes, un poco avergonzados de nuestra
creación,
como los niños que habíamos matado, aquellos dos por donde pasamos
para llegar hasta esta mirada
hermosa y vacilante de ahora.

Y nos herimos con cuidado, sin evitar nuestras marcas de viaje;
hay cierta paciencia en esa sonrisa que no se resuelve como un
animalillo cansado,
y nos miramos, penetramos en esas zonas
donde los ojos se construyen a sí mismos, dejándose llevar por las
alianzas de sus imágenes.

Y me hablas de esa niña de trenzas,
aplastada por sus catorce años, confundida por la belleza de sus
piernas,
avergonzada y perdida, vengándose de algo con cada muchacho que
salía,
sabiendo oscuramente que estaba perdida desde entonces, acobardada
sin remedio desde entonces,
buscando la justificación, el sollozo que no estaba presente;
y yo te hablo de aquel niño que no tenía dónde esconderse
porque la casa era demasiado grande, porque ya era demasiado
tarde
y el cadáver de su infancia se podría entre sus manos,
te hablo de aquel niño devorando lentamente con sus nuevos colmillos
su antiguo corazón.

Y no hay amargura en nosotros,
tampoco le ponemos un gran lazo azul a nuestra resignación,
porque esos niños se han ido igual que nosotros nos iremos un día,
y es inútil que asomen sus pequeñas bocas en nuestros besos,
no importa que sean sus pequeñas manos las que se toquen en
nuestras manos,
esos niños se van siempre, y el rastro que dejan es inútil;
esos niños han muerto, nuestras manos deberían separarse
para seguir siendo reales.

Mujer, mujer,
mirándome, ¿viste algo? ¿Pensaste que podías ver algo?
¿Alguna pequeña señal? ¿La viste, la viste?

Mujer, ‘niña extraviada’, ‘bella muchacha sin libertad’,
frases manoseadas,
¿te sentiste conmigo la ‘niña extraviada’? ¿La ‘bella muchacha sin
libertad’?
Trazando la tortura, fingiendo la tortura, ¿te torturabas más?
¿Te sentiste la chamaca pálida que caminaa a mi lado haciendo
muecas y de la cual no te hablé?
¿Quién creíste que eras? ¿Quién creí que era yo?

Tomados de la mano por las calles de un pueblo irreal,
tomados de la mano por las calles de una historia irreal, de una inútil
alusión al pasado,
mirábamos la luz del atardecer en las viejas fachadas,
tomados de la mano como si fuera verdad, juntos como si fuera
posible,
mirábamos los pinos al otro lado del atrio.
‘En el patio de mi casa -dijiste- había unos pinos como éstos…’
Y no agregaste: ‘Ahora toma una hacha, córtalos de mi corazón
y plántalos en este anochecer…’
No, no pudiste agregarlo y yo no pude tomar el hacha que no existía.

Sí, juntos mirábamos esos pinos;
si, juntos mirábamos esos pinos cada vez más oscuros al otro lado
del atrio,
cada vez más al otro lado de algo, en otra parte, en otro sitio que
posiblemente no mirábamos,
tal vez en el lado de los leñadores de pinos, de los que manejan el
hacha con la misma belleza del amor,
en las montañas que sólo tu conocías,
en el país de donde el anochecer parecía llegarnos.

Sí, juntos escuchábamos aquel rumor del viento entre las ramas cada
vez más oscuras, cada vez más lejanas,
y la noche caía, igual que una túnica que resbala de los hombros de
una mujer
que al quedarse desnuda se quedará invisible.
Juntos los dos, a punto de tomar el misterio,
a punto de que la desnudez nos invadiera con toda la fuerza de sus
extensiones,
a punto de que la princesa dormida por siglos abriera los ojos,
a punto de que el joven viajero encontrara la entrada al castillo
encantado
a punto de que hubiera una posibilidad de existencia para ese castillo
a punto de darle vida al maleficio, y por esta medida conjurarlo,
a punto de que hubiera una capa, una espada y una posibilidad de principado…
a punto solamente,
a punto de algo.

Y ya no recuerdo exactamente a punto de qué, ya no recuerdo quiénes
éramos,
algo he sabido de aquellos dos,
vagamente o he oído en algún sitio de mis palabras, en algún laberinto
de mi creación.
He sacudido antiguas imágenes, he destapado botellas no sé si vacías,
hes empañado con ansiedad el antiguo juego de espejos.
En mi voluntad arde un pájaro oscuro,
las palabras de pronto han adquirido el peso de los hechos
desconocidos,
han tomado el aire verduzco de las estatuas, de las vagas y dudosas
realizaciones de que habla la Historia,
y esta frase se siente perdida…

Ya no sé quiénes somos;
en un acantilado el mar bruñe la roca con la lechosa luz
de un movimiento crepuscular y vacío.
la primavera retoca sus retratos canturreando en voz baja,
pasan las aves que le faltaban a la noche…

Ya no sé quienes somos;
el mar no está aquí, la roca no está aquí, la primavera no tiene
retratos,
no vuelan los pájaros que necesita la noche.
Ya no sé quienes somos;
tal vez mañana alguno de los dos lo sepa,
y tal vez entonces sea necesario sonreir, fingir que recordamos,
fingir que somos nosotros,
y ese anochecer en el atrio, mirando los pinos, escuchando el rumor
del viento en sus ramas
escuchando el rumor del viento en la manera como mirábamos los
pinos;
ese anochecer cerrará las ventanas de sus propias imágenes
y será el dato falseado de su propia memoria.

Y ahora estos elementos, estas formas de decirnos adiós con
imaginarias preguntas,
con fuego de artivicio, con imposibles pinos plantados en un patio,
con nuestra leyenda más verdadera que nosotros, más hermosa y más
arbitraria.
Después, tal vez sepamos que nuestros actos de entonces no fueron
de nuestra codicia en el mundo,
y que tampoco lo fue ese vago sentimiento de este lado del atrio
mientras mirábamos anochecer en los pinos,
o tal vez no sepamos nada, no inventemos nada,
tal vez no sepamos con exactitud si fuimos palpados por una vida
que no acertamos a conocer,
y que tal vez, quién sabe,
fuimos por un instante
aquellos dos ‘que reinaron y vivieron muy felices’
según terminaba el libro de cuentos.

JOSÉ CARLOS BECERRA.





TWO ENGLISH POEMS / DOS POEMAS INGLESES

23 05 2008

Two English Poems

Hace ya tiempo, en alguna biblioteca, leía una compilación de poesía; nada que menos que “EL SURCO Y LA BRASA”, compilación hecha por Marco Antonio Montes de OCA, con traducciones mexicanas que parten desde el mismísimo Alfonso Reyes hasta Montemayor, libro clásico y fundamental para la traducción y aún la para la poesía Mexicana -según dicen-.

Sin embargo yo leía con desgano y vadeando por encima los poemas que iba encontrando, era de esos días pesados donde uno pasa los ojos por las páginas como si fueran un plumero y parece que las letras caen y regresan a su lugar, todo se empeñaba en hacer un alboroto de palabras.

Estaba cansado de la lectura me quejaba a cada rato de la compilación. Pero llego un momento en que me encontré con un poema que me despertó, que digo me despertó, me golpeó, me dio una cubetada de agua fría, de mar helado.

Leí el poema tantas veces hasta que me ardieron lo ojos, pedí el libro a préstamo a domicilio para tener ese poema junto a mi como si fuera un “ilustre juguete” nuevo.

Me parecía extraño porque el autor nunca se me ha hecho particularmente capaz de generar una emoción tan contundente, sino que el proceso de su lectura es más intelectual, según yo, no abordo más porque estoy seguro que ya hay muchísimos barbones y críticos que han hablado de esto hasta el hartazgo.

Busque el poema en su versión original -inglés- y lo miraba como si fuera una ranita en una mesa de disección, me aventure a traducirlo por el cariño que le tenía.

El poema de que hablo es Two English Poems de Jorge Luis Borges y aquí les dejo las dos versiones.

Two English Poems

To Beatriz Biblioni Webster de Bullrich

I

The useless dawn finds me in a deserted street-

corner; I have outlived the night.

Nights are proud waves; darkblue topheavy waves

laden with all the hues of deep spoil, laden with

things unlikely and desirable.

Nights have a habit of mysterious gifts and refusals,

of things half given away, half withheld,

of joys with a dark hemisphere. Nights act

that way, I tell you.

The surge, that night, left me the customary shreds

and odd ends: some hated friends to chat

with, music for dreams, and the smoking of

bitter ashes. The things my hungry heart

has no use for.

The big wave brought you.

Words, any words, your laughter; and you so lazily

and incessantly beautiful. We talked and you

have forgotten the words.

The shattering dawn finds me in a deserted street

of my city.

Your profile turned away, the sounds that go to

make your name, the lilt of your laughter:

these are the illustrious toys you have left me.

I turn them over in the dawn, I lose them, I find

them; I tell them to the few stray dogs and

to the few stray stars of the dawn.

Your dark rich life …

I must get at you, somehow; I put away those

illustrious toys you have left me, I want your

hidden look, your real smile — that lonely,

mocking smile your cool mirror knows.

II

What can I hold you with?

I offer you lean streets, desperate sunsets, the

moon of the jagged suburbs.

I offer you the bitterness of a man who has looked

long and long at the lonely moon.

I offer you my ancestors, my dead men, the ghosts

that living men have honoured in bronze:

my father’s father killed in the frontier of

Buenos Aires, two bullets through his lungs,

bearded and dead, wrapped by his soldiers in

the hide of a cow; my mother’s grandfather

–just twentyfour– heading a charge of

three hundred men in Peru, now ghosts on

vanished horses.

I offer you whatever insight my books may hold,

whatever manliness or humour my life.

I offer you the loyalty of a man who has never

been loyal.

I offer you that kernel of myself that I have saved,

somehow –the central heart that deals not

in words, traffics not with dreams, and is

untouched by time, by joy, by adversities.

I offer you the memory of a yellow rose seen at

sunset, years before you were born.

I offer you explanations of yourself, theories about

yourself, authentic and surprising news of

yourself.

I can give you my loneliness, my darkness, the

hunger of my heart; I am trying to bribe you

with uncertainty, with danger, with defeat.

- Jorge Luis Borges (1934)

DOS POEMAS INGLESES

a Beatriz Biblioni Webster de Bullrich

I

El alba inútil me encuentra en una esquina desierta;

he sobrevivido la noche

Las noches son olas orgullosas: olas de oscuro azul y pesada cresta, colmadas con los

tintes de íntimos despojos, colmadas de cosas improbables y deseables.

Las noches tienen una costumbre de dones misteriosos y rechazos, de cosas dadas a

medias, a medias retenidas, de alegrías con un sombrío hemisferio. Así actúan las noches. Te lo digo.

El oleaje, esa noche, me dejo los extraños jirones de siempre: algunos odiados amigos

con quien charlar, música para los sueños y el humo de amargas cenizas. Las cosas que a mi hambriento corazón no le sirven.

La gran ola te trajo.

Palabras, algunas palabras, tu risa; y tú, tan distraída e incesantemente hermosa.

Hablamos y has olvidado las palabras.

El alba quebrada me encontró en una calle desierta de mi ciudad.

Tu contorno se alejó, los sonidos que harán tu nombre, el eco de tu risa: son los ilustres

juguetes que me dejaste.

Los revuelvo en el alba, los pierdo, los encuentro; hablo de ellos a los pocos perros

extraviados y a las pocas estrellas desamparadas del alba.

Tu oscura fértil vida.

Debo entrar a ti, de algún modo: aparto los ilustres juguetes que me dejaste, quiero tu

mirada oculta, tu verdadera sonrisa –la solitaria irónica sonrisa que tu frío espejo conoce.

II

¿Con que puedo estrecharte?

Te ofrezco esbeltas calles, ocasos desesperados, la luna de los suburbios harapientos.

Te ofrezco la amargura de un hombre que ha mirado largamente la luna solitaria.

Te ofrezco mis ancestros, mis muertos, las fantasmas que los vivos honraron en mármol:

el padre de mi padre muerto en la frontera de Buenos Aires, dos balas atravesaron sus pulmones, barbado y muerto,

[envuelto por los soldados en un cuero de vaca, el abuelo de mi madre –apenas 24- encabezando una carga de trescientos hombres en Perú,

[ahora fantasmas en caballos desvanecidos.

Te ofrezco cualquier comprensión que mis libros puedan contener. Cualquier valor o

ingenio de mi vida.

Te ofrezco la lealtad de un hombre que nunca ha sido leal.

Te ofrezco el centro de mi mismo que salvé de algún modo –el corazón central que no

trata en palabras, no trafica con sueños y esta intocado por el tiempo, por el gozo, por las adversidades.

Te ofrezco la memoria de una rosa amarilla, vista al ocaso. Años antes de que nacieras.

Te ofrezco explicaciones de ti misma, teorías acerca de ti, autenticas y sorprendentes

Noticias de ti misma.

Te puedo dar mi soledad, mi oscuridad, el hambre de mi corazón; estoy tratando de

sobornarte con incertidumbre, con peligro, con la derrota.

JORGE LUIS BORGES (1934)

Trad. Luis Javier Mondragón