La poesía es una expresión protoplásmica del hombre, busca los cuerpos primeros, puros.
Hablaba arriba, antes, otro día; de José Carlos Becerra y no pude dejar de pensar en su “Querido Maestro” al menos así lo nombraba él en alguna carta, Becerra le dirigía palabras con emoción y vértigo, como si escribirle al “Querido Maestro” fuese llegar a un puerto ya conocido pero con olas altas. El Maestro le escribía también a Becerra, hay al menos dos cartas conocidas, pero la primera quedó varada en Londres en manos de Hugo Gutiérrez Vega y la segunda carta no esta dirigida a Becerra, es un pésame. Así que ninguna de estás dos cartas llego a puerto ya que como dije arriba, antes, otro día; el acontecimiento de Brindisi nubló todo.
El maestro de quién hablo es José Lezama Lima el poeta que “creó la resurrección y entonó contra la muerte un hurra victorioso”. Lezama fue reconocido tardíamente pero aún en vida. Se cuenta que debido a la gran propaganda hecha por Julio Cortázar, que fue quien preparó la publicación “Paradiso” en México, de la mano del autor y de Carlos Monsiváis. “Paradiso” es una novela escrita por un poeta, yo la pondría en ese grupo tan especial en donde también estarían “Los Cantos De Maldoror”, “Pedro Páramo”, “Nadja”, “Aurelia” …
Lezama decía del latinoamericano que era “Barroco por definición” que es lo que nos dá particularidad, si es así, la literatura de Lezama nos define y nos abruma, nos rebasa y nos reencuentra. Nos colma con su obra, como si quisiera a veces concentrar todas las aves en un solo árbol; nos deja disconformes con su obra pero por lo contrarió esto genera otro agradecimiento, algo más que le debemos, otro homenaje que tienes sus cables en la queja.
Sin duda José Lezama Lima es un gran árbol, un Secuoya, un Tule, un Abeto, al mismo tiempo un Sauce y una Palmera… me equivoco, no, no es un árbol, es un bosque universal. Un todo que cubre y cobija; grandeza en la que hay que adentrarse en sus parajes para ver su belleza y al mismo tiempo ver de lejos para perderse y no, en su verdor y extensión.
Así que lo que les colgaré en esta ocasión unos fragmentos “extraños” que pertenecen al “Diario de Lezama Lima” y un poema que precisamente se llama “Ah, que tu escapes” de su libro “Enemigo Rumor”.
AH, QUE TÚ ESCAPES
AH, QUE TÚ ESCAPES
Ah, que tú escapes en el instante
en el que ya habías alcanzado tu definición mejor.
Ah, mi amiga, que tú no quieras creer
las preguntas de esa estrella recién cortada,
que va mojando sus puntas en otra estrella enemiga.
Ah, si pudiera ser cierto que a la hora del baño,
cuando en una misma agua discursiva
se bañan el inmóvil paisaje y los animales mas finos:
antílopes, serpientes de pasos breves, de pasos evaporados,
parecen entre sueños sin ansias levantar
los más extensos cabellos y el agua más recordada.
Ah, mi amiga, si en el puro mármol de los adioses
hubieras dejado la estatua que nos podía acompañar,
pues el viento, el viento gracioso,
se extiende como un gato para dejarse definir.
JOSÉ LEZAMA LIMA
DIARIO
11 de Octubre de 1940.
La escolástica empleaba con frecuencia el término ente de razón fundada en lo real. Esa frase puede ser útil. Llevémosla a la poesía: ente de imaginación fundada en lo real. O si preferís: ente de razón fundada en lo irreal.
(Idem) Carnap, de la escuela de Viena, define al metafísico como un músico que ha errado su vocación.
¡Si pudieramos definir al poeta un metafísico que ha errado su vocación!
16 de Enero de 1942.
Habla Curtius de la sensibilidad de los paseos en carruaje, la que cree representa Proust. Eso le permitía, dice, una acumulación de impresiones visuales sin tener que prestar una actitud corporal. La saliva del gallo en la substancia; su pluma en su esencia. El gallo en el fondo del pozo. La boca del Buey como pozo.
Antes de sacarse los versos del alma, hay que sacarse el alma del culo.
Suéltame, porque creo en tu aliento. Ciégame, porque oigo tu no. Suéltame entre muchos pasos y ciempiés. Ciégame debajo del árbol de conocimiento. Suéltame que me reduzco y grito. Ciégame, que me abarco y comprendo.
JOSÉ LEZAMA LIMA
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